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En las postrimerías de la Sierra de Gredos, en la solana de su espigón más occidental -allí donde hasta su nombre cambia por el de Tormantos- se asientan un vergel de magia, un raudal de encantos disfrazados de pueblos y rincones, y un laberinto de sonoros caudales empeñados en mantener, regándolas, las mil y una tradiciones que configuran la idiosincrasia de La Vera.
Allí nací, rodeado de algodonales a los que el auge del tabaco fue arrancando y de los que hoy tan solo quedan algunos vestigios y la metafórica posibilidad de afirmar, en clave de humor, que crecí entre ellos...
Los campos son ahora tabacales que se encharcan de margaritas entre campañas y que hoy, y a tenor de unas expectativas poco halagüeñas, parecen anticipar la celebración de una despedida. Mientras llega, las siluetas de los viejos secaderos se perfilan tan inútiles como las de unos evocadores esqueletos obstinados en proyectar, sobre sus paredes, la nostalgia de pasados más gloriosos.
Las pimentoneras, aquellas que solo sabían coger pimientos, las que aseguraban ufanas que lo mejor de La Vera era su acento, han conseguido una merecida Denominación -primero de Calidad, más tarde de Origen- para un producto cuya elaboración se configura como una de nuestras mayores señas de identidad y que -junto con las Perrunillas- ilustra perfectamente el carácter del extremeño: fuerte, a la par que dulce. Lástima que en la consecución del logro se dejasen hasta ese acento: "jigo" y "jiguera" cambiaron el sabor castúo por una cierta entonación magrebí, y será pronto Alá quién escuchará lo bien que se compone el pelo la morena de la canción...
Desde mediados del siglo XVI la sombra de Carlos V reposa apoyada, en alargado decúbito, a lo ancho de toda la comarca. No deja de sorprenderme el constatar como unos pocos meses de agonía, por soberana que esta fuese, pudiesen dar tanto de sí en su calidad de combustible para el generador de leyendas. Por contra, recurriendo a nuestro letargo imaginativo, sí que consigo justificar lo manido del recurso.
Mi profesión me hizo viajero y esa condición, en claro sinergismo con la de mi elevada curiosidad, me llevan a poder asegurar que jamás vi, y resulta más que probable que tampoco conoceré, gradiente similar entre la dotación de recursos de una comarca y su... ¿incapacidad?... ¿desidia?... para explotarlos.


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