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domingo, 23 de julio de 2017

Pasando apercibido



Recopilando antiguas fotografías, no puedo dejar de sonreír al contemplar ésta...

Me la hicieron el 19 de junio del 2011, en la plaza de Cánovas del Castillo (muy cerca de la fuente de Neptuno, en Madrid), con motivo de mi paso por una manifestación contra el Pacto del Euro, que habría de firmarse una semana después.

No resultó difícil convencer a distintos componentes del grupo Anonymous, para que posasen conmigo, conmigo y con un espontáneo que se infiltró después...



viernes, 10 de marzo de 2017

La cerca de los sujetadores



Este post, el que ahora lees, pretende ser un homenaje al recuerdo de una amiga, una hermana mayor, una jefa o tantas otras cosas, porque todas ellas llegó a ser Mari Carmen Bori en mi consideración... Como amiga en ocasiones busqué su experiencia y amparo, otras la odié y  muchas la admiré, como pocas veces llega a admirarse a las personas de nuestro entorno más inmediato.

Se había jubilado unos años antes, conceptuando ese momento de su vida como si de una permanente peregrinación se tratase: de viaje en viaje, de ciudad en lugar: varios meses en Berlín, otros tantos en la Toscana, en París, Londres, Islandia y un largo y geográfico etcétera... De todas estas aventuras, quienes disfrutábamos del privilegio de ser sus amigos, estábamos puntualmente informados a través de las redes sociales.

Su vida se sesgó demasiado temprano, recién retornada de un viaje por las antípodas... Del que fue su penúltimo viaje, extraigo estas fotografías y sus comentarios sobre La cerca de los sujetadores, de Cardrona (Nueva Zelanda).
 


Va por tí, Mari Carmen!... Lo escojo, por curioso, de entre las muchas cosas que escribiste para cuantos te seguíamos... 

Déjame decirte que fue una suerte coincidir contigo en esta vida... Deseo que, allá adónde te encuentres ahora, sigas viajando siempre!...

"Todo empezó en 1999, dicen los ciudadanos del valle Cardrona, en Central Otago, Nueva Zelanda. Era una noche de Año Nuevo, cuando cuatro mujeres decidieron dejar sus sujetadores colgados de una valla. Fue entonces cuando nació ‘The Cardrona Bra Fence’ y en la actualidad cuenta con una página de Facebook


La página explica que cada vez más mujeres llegaban a la zona a dejar sus sostenes colgados en la cerca. Ya no solo son neozelandesas, sino también turistas extranjeras, que a modo de diversión dejan su ‘regalo’ a un lado de la vía. Hoy, las vallas son perchas para cientos de kilos de sujetadores. 

 
Sin embargo, no todos en la zona están a favor de este peculiar atractivo del valle. Algunas autoridades han condenado la Bra Fence. Hasta intentos legales se han hecho para que se elimine, pero sin éxito. La misma polémica se ha trasladado al ciberespacio. En 2006, el consejo local ordenó que se quitaran las prendas íntimas, pero muchos se negaron. La cadena alcanzó los 7.400 sujetadores. 

Un lugareño, llamado John Lee, que se ha convertido en el guardián de la zona, se niega a retirar los sujetadores, indicando que el 90% de las cartas recibidas sobre la Bra Fence han sido positivas y que los sujetadores son la atracción más fotografiada del área".

EXTRAS DEL POST
Ver más fotos




 

sábado, 9 de enero de 2016

Historias de Nuestro Reportero



Mucho tiempo ya el pasado recopilando las fotografías que me fue enviando mi hijo, nuestro reportero: instantáneas con las que pretendía decirme adónde se encontraba en cada momento... Tanto tiempo, que he decidido organizarlas en un álbum que iré ampliando, a medida que vaya encontrándolas.

Las variedad es lo que destacaría, ya que aparecen lugares tan dispares como los Palacios de la Zarzuela o de la Moncloa, el Congreso de los Diputados, El Senado... Frente a otros, no tan solemnes aunque por ello no menos populares, como Pamplona en las fiestas de sus Sanfermines o Tarazona viviendo las de su Cipotegato.

De latitudes tan lejanas como Qatar, Hungía, Londres... U otras que no lo son tanto, como los platós de algunas de nuestras televisiones.

Las personalidades fotografiadas pertenecen a todas las esferas de la popularidad: desde nuestros Monarcas, pasando por Sergio RamosCristiano Ronaldo o distintos actores del momento; los últimos Presidentes del Gobierno y otros numerosos políticos de la actualidad.

A la par que orgullo, siento envidia por el trabajo de mi hijo... 


EXTRAS DEL POST
Para echar un vistazo a las imágenes pulsa aquí.


sábado, 5 de septiembre de 2015

El germen de mi competitividad



No ha pasado mucho tiempo desde que tuve ocasión de volver a visitar los lugares en los que maduré mi infancia: el barrio obrero de una zona industrial de los suburbios -la banlieue- del viejo París... 

La casa, la calle, la parada del bus, las tiendas... todo parecía estar en su sitio y contribuír a proporcionarme la inquietante sensación de intuir el paso de un plumero sobre unos recuerdos que se precipitaron a codazos, por  pretender ocupar el espacio consciente de mi evocación.

Me vi yendo a buscar el pan por la brevedad de una calle que recuerdo infinita, sin dejar la acera y esperando disciplinado a que el semáforo me prestase el verde de su atención para cruzar, no sin antes mirar a ambos lados, lo que entonces debió parecerme revestido del rigor de un puesto fronterizo. 

Y recordé la sonriente cortesía de la panadera, sus palabras me resultaban casi tan dulces como sus éclairs o sus pains au chocolat, por cuanto distaban de la rudeza de mi castellano, entonces tan directo y desnudo de formalismos...
-. Bonjour jeune homme
-. Bonjour madame
-. Et bien... Qu'est-ce que vous désirez aujourd'hui?
-. Une baguette, s'il vous plaît
-. Et voilà, une baguette bien cuite!
-. C'est combien?
-. Ça sera cinquante centimes... Merci!... Au revoir jeune homme!


Mi primer colegio (hoy)

Iba hasta la escuela de la mano de mi madre, a la que imagino siempre agobiada por las prisas de llegar a su exceso de trabajo, aunque también por la angustia de tener que ceder a su único hijo a unos desconocidos y durante tantas horas. Siempre que me dejaba en la puerta conseguía crear un momento tan triste como solemne, en el que con un gesticulado adiós y atusándome el cabello, recordaba los consejos de esa última hora: su "cómetelo todo", o su "pide ir al baño si te entran ganas", y  su apostillar con un "pórtate bien y aplícate mucho".

Por aquél entonces la educación en Francia resultaba un tanto cruel... Y tanto como que ahora, cada vez que pienso en ello, no deja de parecerme extraño el que a unos mocosos que apenas conseguían levantar del palmo, no sólo se les calificase, sino que lo hiciesen de una manera que hoy escandalizaría a cualquier pedagogo: en los boletines mensuales no se leía un "Progresa Adecuadamente" o un "Debe Mejorar", tampoco era un "Apto" o una puntuación del cero al diez... Era simple y llanamente un "Ocupa Ud. el primer puesto de un total de 28 alumnos en la clase" o el segundo o el que, según el sentir del formador, correspondiese a cada caso...
Recuerdo que mi madre me prometía siempre la zanahoria del primer puesto; también que cada vez que la merecía acababa pidiendo el mismo "bolígrafo de mil colores", por la fascinación que me producía y porque cada una de las veces que lo obtuve, la integridad de sus muelles apenas alcanzaba a durarme unas pocas horas, tal era el frenesí con el que lo recibía y usaba.

En ésta, la anécdota que os cuento hoy, reside el germen de la que fue mi elevada competitividad, y aunque es cierto que me deparó buen número de satisfacciones, no lo es menos que también fueron muchos los problemas y sinsabores con los que me sancionó... Por eso tarde, aunque ya sabéis que vale más que el nunca, acabaría entendiendo que también en esto, como con todo y casi siempre, el ideal y la virtud han de buscarse en el justo punto medio. 



martes, 8 de mayo de 2012

El empollón

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En los últimos años tuve, a través de la mediación de las redes sociales, ocasión de volver a contactar con los que fueron mis compañeros de instituto, que configuran el grupo de antiguos alumnos del Liceo Español de París, en NeuillyEl volver a encontrarnos fue, tal y como podréis imaginar, motivo de grandes alegrías y no pocas algarabías, dando pie a la organización de varios eventos, que justificaron reencuentros, a alguno de los cuales deseo poder asistir en el futuro.
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El tropiezo con el pasado sirvió también para despertar preciosos recuerdos de aquella, la que fue nuestra etapa escolar y que -para nuestra suerte o desgracia- hubimos de vivir allende nuestras fronteras, en el seno de otro país e inmersos en otra cultura, contribuyendo este hecho, y no poco, a nuestra mayor cohesión.

Por tener entonces, pero también ahora, casi un par de años menos que la media y una pubertad que no fue precisamente precoz, ostenté el indiscutible privilegio de ser el más joven de la clase, atesorando todas las papeletas para recibir el apelativo de "el peque" con el que fui conocido desde el primer día. 
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Esa condición de tierno traería consigo una serie de ventajas, como la de comprobar que todos resultaban más tolerantes con mis numerosos defectos y se sorprendían, apreciando en mucho mayor medida mis escasos aciertos, hasta el punto de que, siendo como era un estudiante metódico y aplicado, enseguida alcancé a tener una cierta aureola de empollón, sin llegar a serlo nunca realmente. 

Otra ventaja que derivaba de mi circunstancia de imberbe fue la de resultar adorable y entrañable a los ojos de mis compañeras, tanto como para merecer otro calificativo, el de "bomboncito" con el que algunas me distinguían, al avivar ese lado maternal que no se correspondía precisamente con aquel otro, que entonces me hubiera gustado despertar en ellas.
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Las anécdotas que voy a contar tienen que ver con las características mencionadas en párrafos anteriores, fundamentalmente con la de mi reputación de empollón, aunque si al leerme, en algún momento pude darles la impresión de ser un insufrible arrogante: no deben preocuparse, no se trata de un error, pues confirmo que lo soy.

Caray con el Peque
El primer día de clase el profesor de Biología, Sr. Matutano, quiso empezar ubicándonos por lo que solicitó que le fuésemos dando nuestros datos de filiación, por turnos,  deteniéndonos a comentar los objetivos marcados por nuestra vocación... 
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Al llegar el mío:
-. Me llamo J. A. Sánchez y quiero ser médico.
-. ¡Caray con el "Peque"!.. -Dijo sorprendido por mi juventud, mientras me colgaba el que sería el sambenito de mi apodo para el resto del curso... 
Después quiso someternos a un examen de Química Orgánica: estaba tan empeñado en conocernos que necesitaba chequear la base en la que se apoyaban nuestros conocimientos... 
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Aquella fue, según puedo alcanzar a recordar, la única vez que un profesor nos puso un examen el primer día de clase... Fue como la vida misma, no en vano era el profesor de Biología...

"La experiencia es el maestro más duro que hay,
primero te pone el examen y después te enseña la lección..."
(Anónimo)
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Días después nos trajo los resultados de aquel improvisado test: al entregarme el mío, en el que había alcanzado la puntuación de 9, volvió a exclamar:
-. ¡Caray con el "Peque!"

Historia del Arte
Sexto de Bachiller: era el último día de clase y el profesor Rubio, quien nos enseñaba Historia del Arte, se estaba despidiendo de todos nosotros al igual que lo irían haciendo todos los demás profesores, a lo largo de esa jornada.
-. Señor Sánchez -dijo dirigiéndose a mí- haga el favor de ponerse de pie.
Me levanté un tanto sorprendido, a la par que cauteloso, por no imaginar nada relacionado con lo que ocurrió...
-. Dígame Ud... ¿Recuerda a qué escultor debemos esta estatua?
-. Pues.... la verdad... estooooo... No, ahora mismo no lo recuerdo.
-. ¿Y a qué estilo pertenece este monumento?
-. Ejem... Pues no lo sé.
-. Y por último, cíteme un cuadro de este pintor...
-. ¡... Ahora mismo no se me ocurre ninguno...!
-. Está bien, puede Ud. sentarse nuevamente, Sr. Sánchez... Y permita que le diga que me voy a marchar ciertamente compungido... Porque siendo Ud. el alumno más destacado de la asignatura, y no siendo capaz de responder a ninguna de las tres preguntas que le he planteado, no puedo por menos que pensar en la pobreza del nivel medio del resto de la clase...
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El profesor Rubio falleció hace ahora algunos años... Creo que nunca me perdonaré el haber defraudado, a tal nivel y tan inoportunamente, a tan excelente maestro.

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Un voluntario
Era costumbre del profesor Alarcos, quién tan magistralmente nos enseñaba Filosofía, el comenzar solicitando la ayuda de un voluntario con quien recordar los aspectos tratados en la clase del día anterior... El odioso pelota que os escribe solía esperar a que algún compañero levantase la mano, cosa que no ocurría nunca o casi nunca para, tras un momento de silencio, ofrecerse con tal fin.
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Un día el profesor Alarcos comenzó la clase diciendo:
-. Por favor, ¿un voluntario que no sea el Sr. Sánchez, para recordarnos lo estudiado en la última clase?
(¡Cachis!... ¡con lo bien que lo había preparado yo ese día!)

Ríos poco corrientes
El profesor Ríos nos impartía clases de Física y de Química. Se podía deducir que era académicamente exigente, si nos atenemos a la lectura de los resultados de cualquiera de los exámenes a los que nos sometió:
-. Fulanito?
-. Sí, aquí?!
-. Un uno!... Menganito?
-. Soy yo!
-. Un dos!...
A sus calificaciones les faltaba la equis para acabar pareciéndose del todo a una quiniela.
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Aún así, conseguí salir adelante con sus dos asignaturas, llegando incluso a sorprenderle por mi capacidad para alcanzar habitualmente el sobresaliente en química, no sobrepasando nunca el aprobado -por los pelos- en física. Recuerdo que un día llegó a preguntarme por tales diferencias en mis calificaciones... No supe qué responderle.
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En una ocasión, finalizando un examen de física me levanté para entregarlo. Después, ese típico momento en que te quedas hablando con los compañeros, interesándote por sus respuestas... Cuando volví al pupitre me di cuenta horrorizado de que solo había entregado uno de los dos folios que constituían el examen, habiéndome dejado sobre el pupitre la parte que contenía el 80% de la prueba. 
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Salí corriendo en busca del profesor Ríos, a quien encontré bajando las escaleras del edificio... Tras contarle lo ocurrido me dijo:
-. Lo siento, no puedo aceptar su examen ahora. Debe Ud. entenderlo, porque... ¿quién me asegura que Ud. no ha aprovechado estos minutos para completar alguna respuesta?
Era lógico, aunque escuchar su razón me pareciese terrible, por suponer el suspenso automático de su asignatura...
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Aún así, cuando aparecieron las notas pude ver que había obtenido el mismo resultado que en anteriores convocatorias: el sempiterno aprobado al que parecía estar abonado en física... El profesor Ríos, con un criterio que aplaudo y ante el que me quito el sombrero, restándole importancia al incidente del olvido en el momento de la entrega del examen, había optado por calificar no una prueba, sino mi trayectoria habitual, mi comportamiento, implicación y activa colaboración en el aula...

Vayan desde aquí mis respetos para todos ellos, los que he citado y los que no mencioné, que no por ello fueron menos importantes... Con mi admiración y agradecimiento por la que fue su impecable e inestimable labor.