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| Albertina Pinturina, en la Plaza de Lavapiés (Madrid) |
Anteriormente a su despliegue en Madrid, dónde fue acogido con gran éxito por parte de patrocinadores, organismos oficiales y público en general, este rebaño de vacas policromadas había visitado otras ciudades del mundo.
La particularidad que ofreció la capital de España, según palabras de los organizadores, fue el vandalismo sufrido por algunas de estas obras de arte, y que -al parecer- no se había producido nunca hasta entonces, en otros lugares.
Algunas vacas fueron destrozadas, otras cubiertas de grafitis, incluso una de ellas fue robada (el caso de la conocida como "Albertina Pinturina", sita en la Plaza de Lavapiés hasta que algún vecino estimó que se encontraría mejor en el salón de su casa). Tal es así que fue necesario habilitar un "Hospital para Vacas", como lugar en el que rehabilitar los no poco frecuentes daños.
De cualquier modo, permítaseme la ironía y vaya por delante que siento y profeso el respeto que toda manifestación cultural merece: lo ocurrido en Madrid no ha de ser tan de extrañar. La organización debió tener en cuenta que este pueblo nuestro se caracteriza por ver, en estos rumiantes, más allá de la mera producción de leche o carne. Para nosotros, los españoles -debe tratarse de una fatídica configuración genética- el perjudicar a los bovinos es también fuente de diversión y motivo de jolgorio y de fiesta.
No debieron pues sorprenderse tanto, los de la Cowparade. En el intento de evitar el deterioro de su ganado, debieron plantearse la posibilidad de llevarlo a pastar a la India; de esta forma, con la llegada de este invierno de 2.011 que se nos aproxima, no dudo que estarían un poco más "gordas".

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