domingo, 27 de junio de 2010

¡Virgen del Amor Hermoso!


Virgen del Amor Hermoso - Zamora

Cualquiera de los avispados lectores que hallando esta página, optase por el abnegado sacrificio de su lectura, habrá constatado ya, a estas alturas, mi particular afición por el origen de las expresiones y de los dichos. Vive Dios que las religiones, todas en general pero la nuestra en particular, constituyeron una inagotable fuente de la que se ha venido nutriendo un Castellano que, pisándole los talones al Latín, debió de ser siempre uno de los idiomas más adscritos al culto. Que Latinoamérica constituye, hoy por hoy, la mayor cantera de católicos del mundo, es un hecho objetivable y contrastado, y del que nuestros antepasados no se ven libres de pecado.

No obstante lo dicho, es a los árabes a quienes debemos el hábito, manía o tradición de tan reiterada referencia a lo divino, y de su legado aún perduran evidencias tales como el amuleto de un ¡Ojalá!, ó las alusiones a un desplazamiento que bien podría conducirnos De la Ceca a la Meca... La otra gran fe monoteísta a la que dimos cobijo, oficialmente y cuando menos hasta el siglo XV -el judaísmo- nos dejó también marcas evidentes, aunque no es necesario hacer cábalas para constatar que una buena parte de ellas son testimonios de un más que probado antisemitismo (ejs.: Hacer una judiada, venderse por un plato de lentejas...). Parece evidente, por último, que hablar en cristiano sea contraposición a cualquiera de aquellas otras dos lenguas, que antaño podían escucharse en la península.

Comenzaremos este periplo citando las que a fe mía -por intensidad y número- se han ganado un merecidísimo primer puesto en el supuesto ranking: las exclamaciones: ¡Dios Santo!, ¡Madre de Dios!, ¡Jesús!, ¡Virgen del Amor Hermoso!, ¡Alabado Sea Dios!, etc... son algunos de los ejemplos de mayor uso. Las exclamaciones comparten el breve espacio de su pretendida fortaleza, al ser cortas a la par que enérgicas.

No deberíamos olvidar a las blasfemias, muy cerca de las anteriores, de las que suelen distinguirse por el tono -las más de las veces- aunque también por el contenido, y por las que siempre hemos mostrado gran inclinación. Y llegados a este punto habríamos de ser particularmente vigilantes en un intento de no obviar a aquellas que, no exentas de cierto esnobismo, sólo alcanzan a serlo de medio pelo: ¡Ostras!, ¡Mecachis en diez!, etc...

El de las despedidas es uno de los momentos en que mostramos mayor tendencia a citar lo divino, por nuestro especial empeño en que quien nos abandone lo haga marchándose en la mejor de las compañías, y no precisamente la de Jesús, sino la de su Padre: ¡Adios!, ¡Ve con Dios!, ¡A la paz de Dios!,... Que nos perdonen los adscritos a la orden del de Loyola si finalmente sólo nos acordamos del hijo para exorcizar un estornudo.

Otros poblados conceptos son los referidos a las dimensiones del espacio y del tiempo. Hay lugares lejanos, tan lejanos, a los que nunca va ni Dios, y no yendo, nos resulta difícil comprender que -precisamente allí- acabase perdiendo el gorro ó dando las cuatro voces. Otros hay a los que llevan todos los caminos, aunque muy a pesar del dicho, aquellos que viajan a Roma se cuidaran muy mucho de no equivocar el avión o la carretera. Hay momentos breves, tan breves, que solo duran un Santiamén; acontecimientos que suceden en menos que canta un gallo; y vacíos que sólo pueden llenarse con el paso de un ángel, aunque cada vez queden menos.

También los textos sagrados dejaron numerosos posos en nuestro idioma (ej.: Ser profeta en su tierra). No es cuestión de rasgarse las vestiduras, pueden dar fe nuestros mayores, aquellos que han llegado a tener casi más años que Matusalén: antaño fueron de los pocos productos editoriales a los que resultaba relativamente fácil acceder. De cualquier modo, la actual facilidad en el acceso a la Cultura sigue pasando desapercibida para algunos –no miro a nadie- y en esos casos no deja de ser como echar margaritas a los puercos. Para más INRI, estos desleídos suelen ir por la vida hechos un Cristo, aunque alguno habrá –toda regla tiene su excepción- que esté Como Dios.

De lo expuesto anteriormente se deduce que, y no pretendo hacerles comulgar con ruedas de molino, pero no hay más cera que la que arde: la Liturgia fue otra de las grandes fuentes de inspiración. Créanme: he sido cocinero antes que fraile y lo que les digo va a misa, aunque yo no vaya más que de Pascuas a Ramos... No es que pretenda colgarme el sambenito del agnosticismo, me consuelo pensando que Dios aprieta, mas no ahoga, con lo que muchas veces opto por el lavado de manos en lo relativo a mis supuestas obligaciones.

Procediendo como Dios manda, no puedo dejar de hacer una alusión a la gastronomía, que vino alimentando también al lenguaje. El incluirla en la relación no supondrá sacrificio alguno, siendo el tema santo de mi devoción;  y es seguro que un buen número de lectores acabaría montándome un cirio por la omisión. Merece reflexión el que sea la repostería la que consiga el mayor protagonismo (ej.: cabellos de ángel, huesos de santos, tarta de Santiago o de San Marcos, yemas de Santa teresa) y puede que se justifique en la especialización de determinadas clausuras, aunque otros platos hay, endiabladamente buenos, divinos, que sin ser postres también alcanzan a ser bocatos di Cardinale.

Acabaré reconociendo la complejidad del tema y el no saber de él más que de la Misa la media, pero confieso haber pecado de atrevido... Después de todo cuando el Diablo se aburre, mata moscas con el rabo. Aún así me comprometo con ustedes a revisar el texto dentro de unos años, y puede que para entonces alcance a saber más por viejo que por Diablo... Probablemente sea coincidiendo con otro viaje a Zamora, y volviendo a ver a esta imagen de la Virgen del Amor Hermoso, pues ya se sabe: solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Mientas tanto, y no es que me hiciese la boca un fraile, pero les pediría no fuesen más papistas que el Papa, tuviesen la paciencia del Santo Job y me otorgasen un poco de su indulgencia.

¿Pero a santo de qué me habré puesto a escribir todo esto?, se me fue el santo al cielo y no consigo recordar los motivos. En fin, me voy a casa: hasta mañana si Dios quiere, que a quién madruga Dios le ayuda y vivo lejos, en el quinto infierno...


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