Daremos por finalizado el post de hoy con este vídeo, que circuló profusamente por las redes durante la semana fallera de marzo de 2026. Para ver el vídeo has de pulsar aquí.
viernes, 20 de marzo de 2026
Un "No a la Guerra" fallero
viernes, 6 de marzo de 2026
Carnaval de Basilea (Suiza)
El Carnaval de Basilea (Basler Fasnacht) es uno de los más singulares de Europa: oscuro, satírico, musical y absolutamente inolvidable.
Es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad celebrándose siempre el lunes siguiente al Miércoles de Ceniza, desde las 4:00 de la madrugada con el mítico Morgestraich: se apagan todas las luces, persiguiendo la total oscuridad, mientras las comparsas avanzan tocando pífanos y tambores. Tan solo brillan los faroles pintados a mano, que satirizan temas de actualidad.
NOTA: Fotos de Hugo Sánchez
viernes, 13 de febrero de 2026
El Dios de Spinoza
Spinoza fue un filósofo holandés, del siglo XVII. Su familia
era sefardí, concretamente judíos portugueses, que habían huido de la
Inquisición.
Creció en una comunidad próspera, culta y muy cohesionada,
de la que fue excomulgado a los 23 años, por cosas como: cuestionar la
inmortalidad del alma, negar la idea de un dios personal, pensar por su cuenta, etc…
Ese entorno, sin embargo, sería también el que lo
expulsaría.
El herem (la peor de las expulsiones) fue para él un
golpe devastador, aunque también constituyó el verdadero inicio de su libertad
intelectual.
Cuando Spinoza habla de “Dios”, no se refiere al Dios
personal de las religiones abrahámicas. Su Dios no escucha plegarias, no
interviene en la historia, no castiga ni recompensa. En realidad, el Dios de
Spinoza es la totalidad del universo, todo lo que existe, la estructura misma
de la realidad. Es una visión profundamente racionalista y casi poética: lo
divino no está “allá arriba”, sino en la propia trama de la existencia.
Spinoza sostiene que: sólo existe una sustancia: Dios/Naturaleza. Todo lo demás —tú, yo, los planetas, los pensamientos— son modos, manifestaciones de esa única sustancia.
Para Spinoza: Dios no piensa
como un humano. No tiene deseos, planes ni emociones. No actúa “por fines”,
sino por necesidad: todo lo que ocurre, ocurre porque no puede ser de otra
manera… Esto elimina la idea de milagro, la providencia o el castigo divino.
Spinoza es radical cuando habla de libertad: los
humanos no somos libres en el sentido tradicional. Únicamente somos libres
cuando entendemos las causas que nos determinan. La libertad es conocimiento,
no elección arbitraria.
Einstein, por cierto, decía que creía “en el Dios de
Spinoza”, precisamente por esta visión impersonal y ordenada del cosmos.
Nuestro filósofo se ganaba la vida desde la humildad de un humilde pulidor de lentes ópticas, un oficio que le costó la salud, por el polvo de vidrio que acabaría dañando sus pulmones. Vivió siempre con muy poco, salvo de lectura y escritura.
Sus planteamientos pudieron costarle esa
vida en no pocas ocasiones. Y es que vivió en una Europa donde las ideas podían
matarte. Aun así: defendió la libertad de pensamiento, criticó la superstición
y el fanatismo, propuso una democracia avanzada para su época y rechazó honores
y/o cargos que pudieran haber comprometido su independencia.
Por eso, y para evitar riesgos, su obra más importante, “Ética”,
no fue publicada hasta después de su muerte.
viernes, 6 de febrero de 2026
Navidad en Alsacia
Este parece el primer año en el que se habrían puesto de acuerdo todos los turistas españoles que tenían pensado visitar algún lugar, para ir en bloque a conocer esta comarca francesa.
Desde la base, establecida en Basilea (Suiza), visité fundamentalmente: Colmar, Eguisheim, y Turckheim. Aunque también merecen ser vistos: Riquewhir, Ribeauvillé y Estrasburgo, entre otros.
viernes, 23 de enero de 2026
Seis de mis libros, para descarga gratuita
"DIARIO DE UNA PANDEMIA"
Pulse AQUÍ para obtener el TOMO II
Pulsa AQUÍ para obtener el TOMO III
En su momento, hace pocas semanas, ya tuve ocasión de ofrecerles otro libro: el que escribí sobre París, a modo de guía de aquello que habrán de ver, y de lo demás que, por falta de tiempo, no alcanzarán a ver:
Para obtener el libro "Mi París", han de pulsar AQUÍ.
sábado, 17 de enero de 2026
Perfecto para una sangría
No es fácil crear una marca, por eso, cuando se dispone de una, hay que aprovecharla.
Hace unos días una conocida mía me trajo, de regreso de un viaje a su país, Rumanía, una curiosa botella de vino. Un correcto Cavernet Sauvignon en el que sin dudas, lo que más destacaba, era la etiqueta con una imagen del archifamoso conde Drácula.
sábado, 3 de enero de 2026
En el bando equivocado...
Si la curiosidad os llevase a preguntaros acerca de cual sería la ciudad más bonita y turística de Suiza, verían, como yo lo vi hace poco, que Lucerna ocupa ese lugar de privilegio.
Si siguiesen indagando y se preguntasen acerca de cual es el monumento más visitado del país helvético, comprobarían que se trata del "León de Lucerna".
Entenderán que poco después de haberme interesado por estas cuestiones, cogiese el coche y me acercase a comprobarlo: os hablo, no ya de la belleza de Lucerna, que me resultaba conocida, pero sí de la magnificencia del monumento.
Para entender el impulso, deben comenzar sabiendo que me encontraba en Basilea, otra ciudad suiza, a menos de una hora del felino.
¿Y qué narices es el León de Lucerna?... Se trata de una escultura que fue diseñada a principios del siglo XIX por el escultor danés Bertel Thorvaldsen, en una escarpada pared rocosa de la ciudad suiza de Lucerna, con el fin de conmemorar la muerte en 1792, de unos 700 mercenarios de la Guardia Suiza, cuando, durante la Revolución francesa, en París, defendían a los reyes del asalto de los atacantes.
Hace siglos, la bravura de los soldados suizos era mítica, por lo que resultaba habitual que fuesen contratados por distintas monarquías europeas: sirva recordar, para entenderlo, que aún queda un estado en el que, sin ser suizos, quienes mantienen el orden y cuidan de su seguridad son soldados suizos... Y sí, acertaron Uds., me estoy refiriendo al Vaticano.
Cuando los franceses, iniciando su revolución con la Toma de la Bastilla en 1789, hubieron de sortear a unos soldados suizos. También y poco después, para derrocar a sus reyes, Louis XVI y María Antonieta, hubieron de tomar el palacio de las Tuilerías, lugar en el que hoy se ubica el museo del Louvre, y que por aquél entonces también guardaban mercenarios suizos.
Por tanto, el León de Lucerna pretende ser, para los paisanos de Guillermo Tell, un recuerdo de la bravura de unos soldados que, visto desde un prisma menos patriótico, el mío, defendían el absolutismo frente a la voluntad y soberanía de un pueblo hambriento, y todo a cambio de un estipendio.
Parte de la calidad de vida alcanzada por este país centroeuropeo, una de las más altas del mundo, se la deben a cosas similares: recordemos que sus bancos no siempre acogieron el dinero proveniente de fuentes ni de manos limpias.
De cualquier modo la historia siempre, o casi, podría resumirse así: las más de las veces, la magnificencia de los estados se consiguió desde la falta de escrúpulos y de nobleza.
Cuando visito alguna obra humana digna de interés turístico, suelo acabar recordando tales planteamientos: me ocurrió hace poco, con ocasión de mi viaje a Egipto, y me ocurre siempre que visito algún monumento, palacio, catedral, etc.... Nunca entonces dejo de pensar en el sufrimiento y en los caídos, que costó levantar lo que vinimos a admirar.
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