domingo, 24 de octubre de 2010

El Empalao

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Sentado en el borde de la pared exterior de la pequeña ermita consagrada al Cristo del Humilladero, en la localidad de Valverde de la Vera, la noche que antecede al Viernes Santo, mientras esperaba la llegada de los diferentes cortejos de penitentes, pude escuchar esta preciosa historia de labios de un viejo de la localidad:

"Yo mismo estuve empalándome, cada año, y a lo largo de toda mi vida, hasta que dejó de permitírmelo la falta de salud".

"Y porqué lo hacía usted?", preguntó uno de los turistas que constituían su tan numeroso como intrigado auditorio.

"Hace muchos años mi hijo se perdió en el monte, era un muchacho inquieto... Estuvimos buscándolo toda la noche, sin resultados... Prometí al Cristo que si lo hallaba sano y salvo me empalaría, el resto de mi vida...

A la mañana siguiente lo encontramos acurrucado tras un matorral y temblando de frío.

Desde entonces, cada año y hasta hace relativamente bien poco, he sido un penitente en procesión cada Jueves Santo... Pero caí enfermo y desde entonces es mi hijo -aquél muchacho inquieto- quien se empala por mí..."


Cada noche de Jueves Santo en que tengo ocasión me escapo hasta Valverde de La Vera para sumergirme, cámara en ristre por sus silenciosas callejuelas oscuras, en este antiguo y apasionante ritual que sitúo en la cumbre de las manifestaciones de la Semana Santa rural de nuestra piel de toro.

Alguna vez, sólo alguna, se me permitió invadir la intimidad de esos "santuarios" familiares en los que los penitentes se preparan para su larga noche de sacrificios... 

Pulsando aquí podrás acceder a ver lo que yo ví. 



1 comentario:

Anónimo dijo...
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