martes, 21 de septiembre de 2010

Viriato y Labordeta

Plazuela de Zamora, estatua de Viriato

Es seguro que todos recordareis la serie "Un país en la mochila", con la que nos deleitó Televisión Española, hace ahora algunos años. José Antonio Labordeta nos invitaba a visitar, a lo largo de su veintena de capítulos, numerosas comarcas de nuestra geografía, seleccionadas de entre las más carismáticas.

Uno de esos capítulos fue dedicado a "La Vera de Cáceres", y comenzaré reconociendo el magnífico resultado, aunque nunca entenderé la ausencia de menciones ó imágenes a ó de Jarandilla. Sin pasión de oriundo afirmo que sólo un gato encerrado podría explicarnos tal omisión: pretender hablar de La Vera sin citar a Jarandilla es como -y permítaseme la comparación que por desmesurada nunca alcanzará a ser odiosa- como hablar de los Estados Unidos olvidando a Nueva York, ó Washington.

Ilustrativa muestra de que no le guardo rencor al senador aragonés constituye el hecho de que quiera rescatar unas imágenes de su documental, para mostrároslas en mi página Web. Son aquellas en las que un tal Felipe, natural de El Guijo de Santa Bárbara, intenta contarnos la historia de Viriato, el caudillo guerrillero que plantaría cara al imperio romano y que según algunas poco probadas teorías, y también con el permiso de los zamoranos, vería la luz en esta localidad verata. Dichas teorías no tienen más fundamento que el de un parecido fonético, que nos llevó a pensar que el apelativo Viriato derivaría del gentilicio "verato".

El relato de Felipe está lleno de simpáticos anacronismos; nacen de la inocencia de una escasa formación que choca frontalmente con la forma en la que nuestro hombre pretende expresarse; su relato surge de una tan probable como añeja lectura de los fragmentos del texto que inserto a continuación, y que extraigo de "Amenidades, Florestas y Recreos de la Provincia de la Vera Alta y Baja, en la Extremadura", un libro escrito en 1.667 por Gabriel Azedo de la Berrueza y Porras.

Sea como fuere afirmaré con Valle Inclán que las cosas no son como son, sino como se recuerdan, y tampoco seré yo quien quitará ni pondrá rey a la versión de Felipe, ni quien intentará desengañarle...

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CAPITULO XIX
De los hechos y hazañas del esforzado y valeroso Capitán Viriato

Antes que entremos en las hazañas y valerosos hechos de nuestro capitán Viriato, lusitano, será bien declarar la duda que algunos han tenido acerca de si nuestro Viriato fué o no de la Lusitania, que ahora en nuestros tiempos llamamos Portugal, o de la antigua Lusitania, comprendida en la Vetonia. Cosa cierta y averiguada es que, después que los griegos de Epiro entraron en España, se dividió la Lusitania, como arriba queda dicho, y a la parte de Extremadura la llamaron Vetonia, comenzando su principio desde la Vera...

...No reparando, pues, en esta división de la antigua Lusitania, han querido algunos decir que nuestro capitán Viriato era de la Lusitania que hoy llamamos Portugal; lo cual es engaño manifiesto, porque es muy válida tradición, verdadera y cierta, que el valeroso y esforzado capitán Viriato de quien vamos tratando, y de quien las historias cuentan tantos prodigios y hazañas fué de la Lusitania antigua comprendida en la Vetonia, y natural del Guijo, lugar pequeño que está por cima de la villa de Jarandilla en la provincia de la Vera. Fué hijo de honrados padres y bien nacidos. No tuvieron más que este hijo, y crióse en su niñez algo travieso y libre; era en sus niñeces muy inclinado a hacer con otros muchachos de su edad soldadescas, y él se hacía capitán de todos y repartía en los que mejor le parecía los demás oficios; y desta suerte formaba su escuadrón como si siempre se hubiera ejercitado en la milicia, y hacían sus peleas, de que algunos salían muy mal descalabrados.

Ya que Viriato era de edad más crecida, dióle gana de ver mundo, y aunque sus primeros pensamientos fueron siempre de alejarse, aportó a un lugar de los cercanos a Guadiana, y topó con un amo, señor de vacas y de toros, a que él era muy inclinado. Preguntóle el amo que de donde era, y respondióle que de la Vera; y el amo, que por lo rústico labrador, y más en aquellos tiempos, no estaba en lo cortado del lenguaje, o porque usaba del término antiguo de vetones o veteratos, le dijo que se holgaba mucho que fuese Viriato, y díjolo así por decir verato. Recibióle en su casa y encargóle que fuese hombre de bien y que diese buena cuenta de su persona; y desde entonces corrió entre todos los demás pastores y gente de la casa con el nombre de Viriato como si fuera nombre de pila. Estuvo, pues, el ya nuevo criado Viriato en esta casa algunos años en su ejercicio de pastor, y con el tiempo y sus alentados bríos se hizo lugar entre los demás pastores y vino a ser el mayoral de todos ellos, y por lo valiente, el más temido y estimado de los que apacentaban ganado en toda la ribera del Guadiana. Rendíanle todos vasallaje, y él era el que en el campo, si había alguna disención entre algunos de los pastores, la componía, y lo que él decretaba eso se hacía, obedeciéndole en todo, sin que ninguno de la ribera se atreviese a lo contario. Quísole mucho su amo y casóle con una única hija suya que tenía, a quien el padre quería y estimaba mucho. Gozáronse poco tiempo, porque en breve murió su esposa, y quedó libre sin sucesión.

En este tiempo estaban los romanos apoderados de nuestra España, que la tenían oprimida y tiranizada; y viendo Viriato que las gabelas y tributos que se echaban a los españoles eran muy excesivos y exorbitantes, y que no los podían pagar por más que los apretaban, y que la queja y sentimiento de todos era común, y que todo era inquietudes y desasosiegos, se determinó Viriato y juntó gente de la que andaba bandida por el mundo que era mucha, y por catorce años, y con esta gente y con la demás que se le juntaba, hizo guerra a los romanos, formando un escuadrón que fué terror de Roma. Corrió la Extremadura, Andalucía y reino de Toledo. Desbarató y venció muchos ejércitos de romanos, degollando a sus capitanes, generales y pretores; y ya en Roma no había quien se atreviese a encargar de la guerra contra Viriato, y les fué necesario a los romanos enviar al cónsul Quinto Fabio Máximo, hermano de Scipión, porque la gente de Viriato era tan valerosa y atrevida, que dicen las historias que solo trescientos dellos no dudaban embestir a mil romanos; pasando a cuchillo a mayor número de romanos de los de a caballos, quedando atónitos y confusos de ver que aquel hombre matase de un golpe a un caballo y cortase al cercén la cabeza del hombre que venía en él. Muchos fueron los hechos heroicos que Viriato y su gente hicieron contra los romanos, que por no alargarme no los refiero todos...



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